La historia de

logovivac

Javier y Juan son dos hermanos, nacidos en Jaén. Juan se aficionó a la bicicleta de montaña en el año 1992. En aquellos tiempos, usaba la sunn de acero cromado que habían regalado a Javier por su primera comunión. Él no la utilizaba pues aún era pequeño.

La primera salida de Juan fue inolvidable para él. Su amigo Alejandro le invitó a acompañarle por una ruta de montaña auténtica. No sabía dónde se estaba metiendo. Los otros ciclistas tenían experiencia y Juan era un pardo. Subían como cabras por los caminos de tierra, mientras que él sufría en silencio. Tras muchos kilómetros (no tantos en realidad), sus fuerzas se agotaron. La pierna derecha se agarrotó. Al intentar bajarse y apoyar la otra pierna en el suelo, le dio otro tirón. Se derrumbó, viendo como se alejaba el grupo, salvo Alejandro.

Aquella primera excursión no amedrentó a Juan. Al contrario. Despertó en él una sensación que nunca había tenido. Captó la belleza y la dureza del mountain bike. Conoció un modo distinto y respetuoso de acercarse a la naturaleza. Aprendió que sin esfuerzo no hay recompensa.

Los primeros años fueron muy buenos. Salidas todos los fines de semana durante el invierno. Casi a diario en verano. Era fácil encontrar a otros ciclistas por los caminos. Cuando pinchabas, siempre alguien te ofrecía su ayuda. Pero esa época pasó. Las bicicletas empezaron a guardarse en las terrazas y los garajes. Ya no era tan fácil cruzar un saludo en el monte con otro biker. Sin embargo Juan siguió montando solo. En el año 1994 todo terminó por el momento. Juan se fue a estudiar a Madrid, abandonando muy a su pesar la bicicleta. Pasaron tres años. En verano de 1997, Juan convenció a Javier para que levantase sus aburguesados glúteos del sofá y le acompañara a la montaña. Por suerte Jaén es una provincia privilegiada para nuestro deporte. Está rodeada de hermosas sierras, surcadas por innumerables caminos y recónditas sendas. Las primeras cuestas se le atragantaban a Javier. Pecando de inexperiencia, se exprimía en las subidas sin economizar energía, y agotándose rápidamente. Pero en las siguientes salidas, y ayudado por los sabios consejos de Juan, fue adquiriendo práctica y aprendiendo las primeras lecciones. Poco a poco fue iniciándose en los secretos del mountain bike. Descubrió el oculto placer del plato chico, y empezó a disfrutar del paisaje a lomos de su bicicleta. La semilla estaba puesta.

Ésta es la forma más extendida de montar en bicicleta de montaña. Pero hay otra , muy diferente, y mucho mejor. Cuando la ruta no termina en tu casa, sino en el siguiente pueblo, o en tu saco de dormir. Cuando los primeros rayos del sol y la fría brisa del amanecer te despiertan y te animan a comenzar un nuevo día. Cuando no sabes dónde vas a pasar la noche, y ni siquiera te importa. Cuando te acostumbras a ver el mundo a 15 kilómetros por hora. Cuando le comes terreno al horizonte y el único rastro que vas dejando son las huellas de tus ruedas. O cuando pedaleas mientras está atardeciendo, y la cálida luz lo impregna todo de un color que nunca olvidas. Cuando vas dejando atrás pueblos y paisajes que nunca más volverás a ver, pero que quedarán grabados en lo más profundo de ti. Cuando descubres lo valiosa que es la vida y la tremenda suerte de poder ver gentes y lugares que otros no han imaginado. Cuando, en definitiva, aprendes a disfrutar del presente y vivir al día, es cuando captas el lado más maravilloso de la bicicleta de montaña, y entiendes lo que significa la palabra libertad.

Todo esto llegó en el año 1997, cuando Julián, un amigo de Juan, le dio la idea de hacer un viaje en bicicleta. Asustados por lo desconocido, nos conformamos con ir a la Sierra de Cazorla, no muy lejos de casa. Una semana bastó para que nos diéramos cuenta de que nunca volveríamos a ser los mismos. Al año siguiente, La Ruta de la Plata. Al otro, la truncada vuelta a la península. Al siguiente, el camino del norte al revés. Al siguiente, de Roma a Venecia.







¿Por qué

logovivac

?


Originalmente, logovivac era un diario, con formato de revista impresa. Escrita para nosotros en principio, su pretensión era no permitir que olvidáramos ni uno sólo de estos momentos. Dicen que todo viaje tiene tres etapas: la preparación, el viaje en sí y el recuerdo. logovivac nació para evitar que la tercera etapa termine. Para que de un vistazo volvamos unos años atrás. Para que el tiempo no borre nuestra memoria. La elección del título de la revista no fue fácil ni rápida. Tras muchas discusiones escogimos logovivac. Porque logovivac significa dormir al raso, como tantas noches hicimos. Que las estrellas sean lo último que veas antes de cerrar los ojos.

No estaba prevista su publicación en Internet. Nunca pensamos que alguien llegaría a leerla. Pero un día, curioseando por internet, se le ocurrió a Juan que podía publicarla. Lo comentó con Javier de la Encina, el magnífico webmaster de los @migosdelciclismo, al que le pareció una idea estupenda. Gracias a su ayuda, sus consejos, su buen hacer y su infinita paciencia, ahora puedes leer logovivac .

Sea como sea que logovivac ha llegado a tus manos, esperamos que nos entiendas, que no veas como algo lejano este modo de vida, que no pienses que somos unos tipos especiales ni unos bichos raros, que te animes a colocar unas alforjas en tu bicicleta y descubras por ti mismo la esencia de logovivac.





ESCRÍBENOS

¿Quieres comentarnos algo?, ¿te ha gustado vivac?, ¿tienes alguna pregunta?, ¿nos sugieres algo para el próximo número?, ¿te caemos mal?, ¿tal vez una cita romántica (chicos abtenerse)?,...
Para lo que sea, escríbenos a vivacmtb@hotmail.com